Lo que a nosotros nos importa
ahora de todo esto es que, durante esa "guerra mundial"
que son las guerras napoleónicas y en el período
inmediatamente posterior a ella, el Estado español pierde
sus posesiones americanas, su imperio colonial. Y nos importa
porque es un hecho fundamental para la comprensión de ese
problema español/problema vasco desencadenado durante
los dos ultimos tercios del siglo XIX.
En efecto, durante el siglo
XIX el Estado español desciende de rango en la economíamundo.
Decae de potencia semiperiférica a la más baja condición
de área periférica de la economíamundo.
La razón más obvia,
pero no la única, para ello es la pérdida de las
colonias americanas. El papel semiperiférico del Estado
español consistía en ser correa de transmisión,
bastante pasiva, entre los Estados del centro y la periferia americana.
Y una correa de transmisión deja de ser tal cuando pierde
el enganche con uno de los dos extremos entre los que actúa.
La situación hegemónica alcanzada por Inglaterra
le permite ejercer directamente la explotación comercial
y productiva de la periferia americana, ahora bajo la fórmula
neocolonial sobre los formalmente independientes nuevos Estados
americanos de la antigua América hispanoportuguesa.
A medida que la futura potencia hegemónica (Estados Unidos)
vaya emergiendo, irá compartiendo ese papel con Inglaterra
y progresivamente sustituyéndola.
Pero hay, además de esa,
otra raz6n para la conversión del Estado español
en área periférica. Directamente relacionada con
la industrialización inglesa.
Recordemos nuevamente los rasgos
que, según Wallerstein, configuran a un area como periférica:
Pues bien, la industrialización
inglesa eleva a la condición de bienes esenciales para
el uso diario de la economíamundo a una serie de
bienes que antes de ella no la tenían: los minerales. El
hierro, el cobre, el plomo, el zinc, el mercurio, etc. Sucede
que durante gran parte del siglo XIX están aún por
descubrir los grandes yacimientos de minerales que no se hallan
en suelo europeo. Los norteamericanos no cuentan porque los Estados
Unidos los utilizan en su propia industria. Y, como ya sabíanlos fenicios, los cartagineses y los romanos en la remota antigüedad,
la Península Ibérica es un cofre repleto de minerales.
El tipo de minerales existentes, la ley metálica de los
mismos, las facilidades de la explotación (muchas de las
cuencas mas ricas son susceptibles de explotación a cielo
abierto), la misma cercanía de la posición geográfica
de la Península al resto de Europa que abarata los importantísimos
costes de transporte, todo convierte a la riqueza minera de la
Península Ibérica en la solución ideal para
las nuevas necesidades provocadas por la industrializaci6n. Primero
la de la potencia hegem6nica, luego la de Francia, Alemania y
Belgica.
La debilidad del Estado español
postnapoleónico proporciona el otro requisito para que
la Corona de España se convierta en la periferia minera
de la economíamundo europea. Basten unos pocos datos:
ya en 1840 es España la 2ª productora de plomo detrás
de Inglaterra. Y en 1877 España es el primer productor
de Europa de minerales de hierro, de plomo, de cobre. Y conserva
su milenario primer puesto en la producción de mercurio.
La debilidad del Estado español durante todo el siglo XIX
facilita la extracción de increíbles cantidades
de minerales de todo tipo que produce un fantástico expolio
de la riqueza minera que se lleva para alimentar las fábricas
europeas a cambio de casi nada.
La complicidad del bloque de
clases dominante del Estado español y la debilidad intrínseca
del mismo permiten que las condiciones en que se arrancan de España
inmensas riquezas mineras sean idénticas a las que coetáneamente
se aplican en las antiguas colonias españolas de América
y que más tarde se van a aplicar en los yacimientos mineros
de las colonias europeas en Africa y Asia. Esas condiciones son
las siguientes :
Esta conversión del Estado español en área periférica de la economíamundo europea es el hecho fundamental, el hilo conductor imprescindible para comprender tanto el problema español,. como su incidencia en la formación social vasca, que origina el llamado problema vasco.
7. Los 150 años últimos de la lucha de clases
en Euskadi (1833-1983).